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LA NATURALEZA DEL CARÁCTER CRISTIANO

The nature of the christian character

Dr. Juan C. de la Cruz1

RESUMEN

En este tratado les presento un breve estudio sobre “el carácter”, su significado, origen y naturaleza. Sobre eso, procuro mostrar las diferencias entre el carácter natural, el que traemos los seres humanos de fábrica, en contraste con el carácter regenerado o transformado, el que forja el Espíritu Santo en el creyente, gracias a la nueva naturaleza que nos imprime en la regeneración. Procuramos también responder a la interrogante natural concerniente a como moldear o trabajar el carácter transformado.

Palabras claves: Carácter. Dios. Ser. Persona. Naturaleza. Llamamiento. Equipamiento. Procedencia. Integridad.

ABSTRACT

In this treatise I present a brief study on “the character”, its meaning, origin and nature. On that, I try to show the differences between the natural character, the one that human beings bring from the factory, in contrast with the regenerated or transformed character, the one that forges the Holy Spirit in the believer, thanks to the new nature that he imprints on us in the regeneration. We also try to answer the natural question concerning how to mold or work the transformed character.

Keywords: Character. God. Person. Nature. Call. Equipment. Origin. Integrity.

INTRODUCCIÓN

Este artículo procura describir el carácter tanto como presentar la teología bíblica del mismo, así como su naturaleza, procedencia y su lucimiento en el ser humano que porta el carácter. Hay mucho ruido sobre el tema del carácter y a menudo se hace descansar sobre el hombre y su esfuerzo, olvidándose casi por completo, aún en el ala cristiana, los aportes de la divinidad en este asunto vital. Lo más cercano que se suele abordar es como el concepto que tienen los agnósticos de la creación que piensan que si Dios creó al mundo, lo dejó al azar, como hace un relojero con un reloj automático.

En una frase corta que podemos declarar con autoridad que: “El carácter es lo que una persona es.” El carácter de una persona es lo que esa persona es en su interior (ser) que puede ser reflejado en su exterior (comportamiento) especialmente en su círculo relacional más íntimo (Dios, familia, trabajo, iglesia, etc.), no lo que pueda mostrar en circunstancias ocasionales. Carácter, en esencia, significa: cualidades, atributos, características, personalidad, comportamiento, apariencia, distintivo, representación de alguien o algo. Este término significa el grupo de cualidades o características que hacen a alguien distintivo.

En el mismo orden, a sabiendas de que cada grupo (especie) en el universo posee un grupo de características distintivas, debemos enfocarnos bien para poner en perspectiva el grupo específico del que tratamos aquí: creyentes; y de modo más específico: ministros (pastores, líderes, diáconos, ancianos, obispos, etc.)

Así que, nuestra tesis a demostrar es que: “el carácter de un ministro cristiano” es lo que un ministro del evangelio es, a razón del trabajo u oficio que él fue ‘llamado’ y ‘equipado’ a ejercer, por disposición de su Maestro. Y en un sentido todos los santos somos ministros de Cristo y algún don se nos ha concebido para el servicio. EN tal virtud se puede definir igual para el cristiano en general. Por tanto, y, a fin de cuentas, Dios es quien debe recibir toda la gloria en esta materia del carácter, del ser y del porte cristiano. No hay nada que un creyente tenga que no le haya sido dado por el Señor.

Con esta tesis demostrada, entonces procederemos a dar pautas sobre el deber del creyente para afinar su carácter, es decir, qué estamos mandados a hacer los cristianos respecto al carácter propio, en virtud del llamamiento y el equipamiento.

1. RESPECTO AL CARÁCTER

¿Qué queremos nosotros significar cuando nos referimos al “carácter”? Nos proponemos usar esta palabra bajo el mismo significado que del término original en el idioma griego de los tiempos bíblicos, que es prácticamente el mismo que puede ser encontrado en un diccionario corriente certificado de hoy.

Carácter es un término griego (charakter: χαρακτὴρ) que significa: imagen, representación exacta, impresión, gravado (ver Hebreos 1:3).

¿Cuál es la historia y la etimología de esta palabra?

A continuación plasmamos como la describe “An Intermediate Greek-English Lexicon (Un Léxico Intermediario Greco-Inglés)”:

Chârakter: Gr. χᾰρακτήρ, ῆρος, , (χαράσσω). 1. una marca grabada o impresa, la impresión o estampa en las monedas y los sellos. Eur.; εὐ δοξίας χαρακτῆρ ατοῖς ἔργοις ἐπέβαλεν establecer un sello de buena reputación sobre ellos, Isócrates. 2. metaf. la marca impresa (por así decirlo) a una persona o cosa, una marca distintiva, característica, carácter, χ. γλώσσης de una lengua o dialecto particular, Heródoto;2 de personas, χ. τοῦπροσώπου [el carácter de una persona] Id.; ἀνδρῶνοὐδεὶς χ. ἐμπέφυκεσώματι ninguna marca exterior ha sido fijada por la naturaleza en la persona de los hombres, Eurípides;3 φανερὸς χ. ἀρετᾶς Id.4

El Diccionario de la Lengua Bíblica con Dominio Semántico (Dictionary of Biblical Language with Semantic Domain): NT; dice que charakter es un nombre masculino, lo que implica una representación exacta, una reproducción idéntica.5

Profundicemos un poco más consultando el Léxico Strong:

Carácter: gr.χαρακτήρ (charakter) n m. Igual que 5482; TDNT 9:418; TDNTA 1308; GK 5917; la VA lo traduce como “imagen expresa” una vez. 1. el instrumento usado para grabar o cavar. 2. la marca estampada en dicho instrumento o sobre él. 2a una marca o figura quemada en (Levíticos 13:28) o grabada sobre, una impresión. 2b la representación exacta (la imagen) de cualquier persona o cosa, marca de identidad, reproducción precisa en cada aspecto, a saber, facsímil.6

Si buscamos en Apocalipsis 14:11 donde aparece la raíz de esta palabra, copiaremos la fuerza del significado de carácter:

Y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca (gr. xάραγμα - cháragma) de su nombre.

Mira el significado del término griego châragme (marca):

Châragma: χάραγμα, ατος, τό, (χαράσσω) cualquier marca tallada o impresa, χ. ἐχίδνης la marca de la serpiente, p.ej., su mordida, Sofocles;7 τὸχ. Τοῦ θηρίου la marca de la bestia, N. T.; χ. Τέχνης obra tallada, Ib.; Τὸ χ. Τοῦ νομίσματος la impresión en la moneda. Plutarco: absolutamente Una inscripción, “Antología”.8

El Léxico Mejorado Strong nos da la información siguiente sobre el cháragma:

χάραγμα (cháragma), n. Igual que en 5482; TDNT 9:416; TDNTA 1308; GK 5916; nueve ocurrencias; la versión inglesa AV la traduce como “marca” ocho veces, y “gravado” una vez. 1. una estampa, una marca impresa. 1a. de la marca impresa en la frente o en la mano derecha como el distintivo de los seguidores del anticristo. 1b la marca quemada en los caballos. 2. cosa cavada, escultura, gravado. 2a. de imágenes idolátricas.9

Hebreos 1:3 es uno de los pocos lugares en la Biblia, y el único lugar en todo el NT donde aparece esta palabra, sin contar las variantes en Apocalipsis. El escritor del libro de Hebreos está describiendo a Cristo en este verso. Él está diciendo que Cristo es la única representación exacta (charakter) de Dios, es decir, el único que refleja perfectamente el carácter de Dios porque es la misma sustancia de Dios hecho hombre. Eso significa que el Hijo de Dios, Jesús, es la imagen exacta del ser de Dios. Expresado teológicamente, eso significa que Jesús es Dios mismo. Si nos enfocamos en el significado material del término podemos decir a ciencia cierta que Cristo es una imagen gravada de su Padre Dios, mejor entendido en nuestros días en el efecto de una fotografía o un autorretrato, por ejemplo. Pero se trata de la idea de esculpir o gravar, como la imagen que aparece en las monedas y los billetes. Pero la metáfora está simplemente diciendo que Jesús es Dios. Corrobora con la enseñanza de Cristo en Juan 14:9: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. Está implicando que si quieres ver a Dios, debes mirar a Cristo. Esto tiene implicaciones serias cuando aplicamos el término, que no es el uso bíblico formalmente, a los creyentes, o especialmente a los ministros.

Esto implica que el “carácter,” en la Biblia, está ligado a un modelo o estándar. Lo que implica que el carácter no pende en un vacío, sino en un patrón, en un modelo. En el caso de Jesús, él es la representación exacta de Su Padre Dios. Es decir, Jesús porta las mismas características y distintivos que su Padre. Si bien esta terminología no es muy usada en la Biblia, la descripción o significado de ella, esparcida por todo el NT, es la esencia de la Cristología. Es decir, no representó un problema para los cristianos de los primeros siglos, a la luz de Hebreos 1:1-3 (v.3), reconocer la naturaleza divina de Cristo, igual a la del Padre.

Así que, cualquier cosa que hablemos sobre el carácter en este libro será una apelación al significado etimológico y metafórico de dicha palabra, en el orden que lo hemos descrito según implica en el griego. Y como hemos podido ver es el mismo significado que en esencia guardan los diccionarios comunes.

Esa es la razón por la cual no haremos un mayor esfuerzo por explicar el término que nos ocupa, puesto que aunque vivimos en la cultura “posmoderna” (donde procuran decir que todo es relativo y que ni las palabras tienen significados absolutos, según sus mejores postores), aún los mejores esfuerzos de la lengua (los mejores diccionarios) siguen definiendo las palabras basados en su etimología, y en esencia “carácter” aun significa lo que queremos significar en este estudio.

Carácter es una representación exacta del original. Si la copia no representa fielmente el original, es una usurpación, una imitación falsificada.

El Diccionario Encarta10 2007 nos brinda la siguiente definición sobre el “carácter”: “Una descripción del carácter o la naturaleza de alguien o algo”.11

Por tanto, carácter significa: cualidades, atributos, características, personalidad, comportamiento, apariencia, distintivo, representación de alguien o algo. Esto significa que puede usarse para describir a una persona o a un objeto. En este libro hemos de hacer referencia a personas en vez de objetos, por supuesto. Por ello apelamos al uso metafórico del término, más que al significado concreto del tal.

Así este término significa el grupo de cualidades o características que hacen a alguien distintivo. Se enfoca en una persona o una cosa como un todo, pero en este escrito nos enfocaremos sólo en personas. También descalificaremos las características que son comunes a todo ser humano para no alargar el discurso, por lo que nos enfocaremos en las características distintivas de la persona, y especialmente del grupo al que nos referimos en este material, a saber, los ministros cristianos. Como habrás podido discernir en la terminología, detrás del velo de la simple expresión, según discutimos en los párrafos anteriores, el carácter no pende de un vacío, sino que se aferra a un modelo o patrón (no es una simple marca gravada, sino que también se puede decir del instrumento para esculpirla). De acuerdo al significado original, el término se refiere a ambos: la figura impresa en la moneda y al patrón (modelo) de procedencia de la imagen esculpida. Esa es la razón por la cual en este tratado nos enfocamos en el patrón (modelo) donde encontramos el valor y la esencia del carácter del grupo de individuos en el cual nos enfocamos, los ministros cristianos, o bien un Ministro del Evangelio de Jesucristo.

¿Quién es el patrón (modelo) del cual se imprimen las características distintivas (carácter) en un ministro del Evangelio?

La respuesta es absoluta y clara aquí, no obstante, te hago la pregunta justo ahora para que pienses en ella mientras seguimos avanzando en esta jornada investigativa.

El propósito de este libro es presentar esas cualidades morales, a la vez, que las capacidades naturales, dones espirituales, incluyendo la responsabilidad propia del oficio, la personalidad, el comportamiento y el llamado mismo que un ministro del evangelio, está llamado a poseer y desarrollar mediante los medios provistos por Dios que hacen distintivo al ministro del evangelio. Todo ello es hecho posible al creyente llamado en lo que yo he denominado ‘el paquete del llamamiento.’ Es el propósito de este escrito no sólo investigar, inquirir y traer luz al respecto, sino también poner en perspectiva aquellos asuntos que son mandatorios, fuera de toda duda y discusión, para que podamos saber a ciencia cierta quiénes quedan descalificados de dicha santa función y quienes están envanecidos con su deseo de ostentarla.

A modo de resumen: ¿Qué significa el carácter? En una frase corta que podemos declarar con autoridad a este punto: “El carácter es lo que una persona es.” Siendo más específicos, el carácter de una persona es lo que esa persona es en su interior que puede ser reflejado en su exterior (comportamiento) especialmente en su círculo relacional más íntimo (familia, trabajo, etc.), no lo que pueda mostrar en circunstancias ocasionales.12

En el mismo orden, a sabiendas de que cada grupo (especie) en el universo posee un grupo de características distintivas, debemos enfocarnos bien para poner en perspectiva el grupo específico del que tratamos aquí: creyentes; y de modo más específico: ministros (pastores, líderes, diáconos, ancianos, obispos, etc.)

Así que, nuestra tesis a demostrar es que: “el carácter de un ministro cristiano” es lo que un ministro del evangelio es, a razón del trabajo u oficio que él fue ‘llamado’ y ‘equipado’ a ejercer, por disposición de su Maestro. ‘Llamamiento’ y ‘equipamiento’ son palabras claves en este libro, pero por encima de éstas, el Maestro mismo (Jesucristo, quien es Dios sobre todas las cosas), ya que, como dijimos, el patrón en el cual nosotros (los ministros cristianos) estamos apoyados, es en Aquél que nos llamó y nos equipó desde el vientre de nuestras madres (Gálatas 1:15), que es la misma persona a quien Él eligió, según sus propósitos en gloria, inclusive antes de que el mundo iniciara (2 Timoteo 1:9).

Nuestra tarea es profundizar más mientras describimos el término ministro, su oficio y sus funciones, el carácter del Modelo (Cristo-Dios), y el carácter de algunos de los santos que nos antecedieron en el oficio según se registran en las Escrituras.

¿Por qué explicamos la terminología? Puesto que en nuestro mundo actual hay fuertes tendencias a tirar por la borda todo fundamento, incluyendo la terminología establecida, que ha perdurado en el crisol del tiempo. Los términos no son relativos, podemos comunicar ideas relativas, pero los términos tienen su fundamento etimológico establecido. Si no tenemos absolutos en la comunicación todo se convierte en un caos, el significado mismo de la comunicación se perdería por completo. Así que este capítulo y el siguiente son una especie de prolegómenos, si se quiere, para evitar cualquier confusión.

Algunas observaciones pertinentes:

El carácter es “la representación exacta del modelo,” todas las cualidades de dicho modelo integradas en la representación. También vimos que el Nuevo Testamento contiene la palabra carácter sólo una vez (más dos veces la palabra “cháragma”, que es una variante de la misma raíz, con el mismo significado).

Hay una palabra usada más de 40 veces en el texto bíblico, especialmente en el AT (más en los Salmos y Proverbios), es “integridad”. No son sinónimas, pero integridad enfatiza el carácter. Integridad es el grupo de características (piezas) que forman el todo. Integridad significa: “poner todas las partes juntas, en el lugar correcto, en el lugar adecuado y en un balance adecuado”. El carácter es la integración de todas las características individuales que se obtienen del modelo o patrón.

2. LA NATURALEZA DEL CARÁCTER CRISTIANO

“Y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con ciencia y con inteligencia” (Jeremías 3:15).

La ambigüedad de la explicación que los pastores me dieron, en la encuesta que presenté en el capítulo 4, me llevó a escribir este capítulo, además de lo que presenté en los capítulos 1 y 2. Esto es para remarcar el significado de “carácter”. Tenemos que saber que el carácter no es algo que se obtiene con el tiempo. Debemos estar claros de que el carácter viene con el ser humano, al menos como un embrión. El carácter no es un atributo del SER, es la esencia del mismo, por eso la dificultad de definirla en términos generales. Por esa misma razón que en las afirmaciones al principio de este libro, notarás mucha ambigüedad en las respuestas de los pastores acerca de “el carácter de un ministro”. La mejor manera de definir el carácter de una manera práctica es: “LO QUE UN SER HUMANO ES”. El aislamiento o la privacidad no es necesario para reflejar el carácter, porque “el carácter es lo que somos”. El carácter es la impregnación o el grabado del ser por parte de Quien hizo el ser, a saber, Dios.

El carácter no es un atributo de un cristiano, es el ser, así de los cristianos como de los no cristianos. El carácter es esculpido o grabado en el individuo cuando está siendo hecho por el Dios viviente, el Creador de todas las cosas del universo. (Véase Salmos 139:13-16)

Las escrituras abordan el tema apelando a figuras del lenguaje. Jesús lo menciona diciendo: “por sus frutos los conoceréis [a los falsos profetas]” (Mateo 7:16, 20). Es una fuerte referencia al carácter práctico de un falso profeta. Pablo enseñó acerca de “el fruto del Espíritu”, y luego dirigió su punto a varias características que comprende ese fruto. Pablo presenta esto hablando sobre “el carácter de un cristiano”. Hay que notar que “el fruto del Espíritu” (el carácter cristiano) se presenta aquí en contraste con las “obras de la carne”. Conocerán la diferencia entre los cristianos y un no creyente en su comportamiento, que es una referencia al carácter (al ser). Se trata de la misma idea que Jesús estaba mostrando en “La enseñanza [sermón, discurso] del Monte” cuando dijo: “por sus frutos los conoceréis”.

Cuando la Escritura habla acerca del carácter de un ministro de Dios, apunta a su ser. Recuerde Éxodo 18:21:

Además escoge tú de entre todo el pueblo varones de virtud, temerosos de Dios, varones de verdad, que aborrezcan la avaricia; y ponlos sobre el pueblo por jefes de millares, de centenas, de cincuenta y de diez.

Se centra en el ser. Cuando vamos al pasaje tradicional para hablar del carácter, 1 Timoteo 3, ¿nota el énfasis? “Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es necesario que el obispo sea…” (vv.1-2a), está hablando del ser.

Durante mi explicación creo que usé suficientes pasajes bíblicos y secciones para demostrar que el carácter viene del Creador. El carácter puede ser bueno o malo, pero viene originalmente del Creador.

La experiencia también nos muestra que el carácter es tanto una creación de Dios, así como una prerrogativa de Dios el afinarlo y modelarlo. En el próximo capítulo voy a traer algunas razones de peso para demostrarlo.

Algunas preguntas vienen a nuestras mentes al pensar acerca de eso. Una de ellas es la pregunta clásica que surge cuando los teólogos hablan acerca de la soberanía de Dios, que Él tiene el control de todas las cosas, buenas o malas. Entonces, ésta es la pregunta resultante: ¿si Dios crea el carácter, el crea el mal carácter? Sé que corro el riesgo de ser estigmatizado a causa de mi respuesta, pero, según las escrituras, Dios creó algunos vasos para honra y otros para deshonra.

“¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria, a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles?” (Romanos 9:21-24).

El “The Bible Knowledge Commentary” pone este pasaje en perspectiva comentando lo siguiente:

“Los que se oponen a Él y rechazan el arrepentimiento (Mateo 23:37) están ‘preparados’ por Él para condenación. Ellos están ‘atesorando’ sobre sí la ira de Dios (Romanos 2:5). En el infierno ellos experimentarán su ira, y su poder se dará a conocer (Romanos 9:17). Dios no se deleita en la ira y no fue su elección que algunas personas vayan al infierno. Elección (v.22) debe ser interpretado como ‘voluntad’. Algunos han sido preparados por Dios para el juicio eterno no porque él se deleite en eso, si no por sus pecados. En vista de sus pecados, que los hacen crecer para destrucción, Dios desea mostrar su ira, y lo hará a su debido tiempo”.13

Es totalmente cierto que los no creyentes son los que experimentarán la ira de Dios en el infierno. La realidad es mejor entendida si consideramos lo contrario. Dios eligió a muchos y los apartó para bendiciones espirituales en Cristo (Efesios 1:3). Dios eligió, Dios apartó. ¿Cuántos? Una multitud, la cual nadie puede contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas (Apocalipsis 7:9-10), y, de seguro, de todas las épocas (tiempos). ¿Para qué los eligió? “Para buenas obras, según sus propósitos en gloria” (Efesios 2:8-10). Todo lo que Dios ha hecho, lo ha hecho bueno en gran manera (Génesis 1:31). Todo ha sido hecho para su propia gloria. (La tesis de Efesios 1)

Tenemos que comprender que no pasa nada en el universo que sorprenda a Dios de ninguna manera (Salmo 139:7). Tenemos que saber que la salvación viene del Señor (Jonás 2:9). Tenemos que saber, como un principio bíblico, que el Señor ha establecido (conocido) el número de los miles de millones que salvará (Apocalipsis 6:11 - y hasta donde yo sé, éste es el mismo grupo en 7:9-10; 20:4). Tenemos que saber que cada ser humano nacido en cualquier momento, en cualquier lugar, en cualquier circunstancia, no es un accidente, es una criatura del Señor. Casi todo el mundo que ha nacido en la historia fue concebida en pecado y cada uno de ellos (por lo menos los moralmente responsables - adultos) se irá al infierno a menos que Dios los salve, sólo por la fe en Jesucristo. Y tanto como sé: “La fe es un don de Dios” (Efesios 2:8-9). La fe no es un asunto de hombres, sino que es un don de Dios. Él da fe por el Espíritu. Con todas estas pruebas, no hay modo de reclamar cualquier parte en la empresa salvadora. Es una cuestión exclusiva de Dios. Cristo vino a morir por los suyos, no era un arreglo humano (¡Nunca!). El Espíritu, que convence, vino desde arriba por el propósito soberano de Dios. Nunca actúa contrario a los propósitos de Dios. Éste es uno de los sentidos profundos en que las tres divinas personas son un solo Dios.

Por lo tanto, considerando que todos nosotros hemos sido ‘destituidos’ de la gloria de Dios y que todos nosotros estaríamos perdidos sin la obra de la salvación y su efecto sobre nosotros, está claro que Dios no impartió salvación ni fe a todo el mundo en la historia. Muchos son dejados en su condición perdida. Y ellos son dejados así para la gloria de Dios. Léalo de nuevo:

¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?

¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para su gloria, a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles? (Romanos 9:21-24, énfasis del autor)

¿Cuál es mi punto? Dios nos creó a todos, inclusive todas las cosas. La salvación viene del Señor, esa es una empresa de Él solamente. El llamamiento es un negocio de Dios. El carácter es hecho y modelado por Dios. Él le da a cualquier grupo: a los humanos (un carácter no regenerado), a los cristianos (el carácter transformado), y por supuesto a los ministros que Él llamó a servirle, a ser sus esclavos (un carácter transformado y perfecto o maduro)… todo para SU PROPIA GLORIA. ¿Dime cuándo obtuviste tu personalidad? ¿Cuándo obtuviste el carácter? ¿Lo recuerdas? ¿Qué tienes que no hayas recibido? (1 Corintios 4:7)… ¿Acaso no se da por sentado en las Escrituras que tu carácter piadoso es un don del Espíritu Santo? (Gálatas 5:22-24).

Por lo tanto, si el fruto del Espíritu es el carácter, el carácter viene sólo de Dios. Si los candidatos al ministerio deben ser intachables (irreprensibles), ¿crees que es algo que tú construyes o formas? Porque desde el momento en que un hombre afirma que el Señor lo llamó, él tiene que demostrar que es un hombre santo, un ser maduro, un hombre de carácter, un hombre perfecto. Las iglesias deben tener cuidado cuando están buscando candidatos para el ministerio, esos hombres “tienen” que ser probados en el carácter, si hay alguna grieta en su carácter, es evidencia que no pueden ejercer el ministerio oficial.

2.1 El origen del carácter natural

Tengo que lidiar con este tema analógicamente. Voy a esforzarme por ser fiel a la Escritura en mi pensamiento analógico. La generalidad de la Biblia presenta a Dios como el creador de todo cuanto existe en el universo, incluyendo el espacio, pero con la excepción de que el mismo Dios es increado, trascendente e infinito y por encima de todas las cosas, sean tangibles o intangibles, sean de naturaleza material o espiritual. El ser humano es una clara perfección de la obra de Dios en la creación.

La Biblia también enseña que el ser humano fue hecho perfecto, pero cayó en pecado (Génesis 1:31; Eclesiastés 7: 29). El pecado es una desgracia que trajo a la creación, con algunas excepciones (en el reino espiritual), a la corrupción, incluyendo la depravación total de las criaturas morales del hombre.

Como conclusión lógica, el carácter de Adán y Eva fue hecho por Dios. ¿Presentas alguna objeción a esto? Así, el carácter de cualquier criatura racional fue diseñado y ejecutado por la divinidad, de seguro. (Ver Salmo 139:13-16, para confirmación)

Otra conclusión lógica y bíblica es que el pecado devastó la moralidad humana y, por consiguiente, el carácter. Sin embargo, el carácter de un ser humano, así como en el caso de nuestros primeros padres (Adán y Eva), permanece siendo una creación de Dios. El verdadero problema es que el pecado devastó (o depravó) totalmente a los seres humanos, por lo que todas sus partes vienen con esa desgracia como una dificultad de fabricación, por supuesto, no por fallas del ingeniero (Dios), sino por el reactor corrompido (mamá y papá).

El carácter de un incrédulo es el fruto de la carne (Gálatas 5:16-21), y llegó como un defecto de fabricación, una vez más, no por el ingeniero y diseñador, sino por el reactor, con sus líneas de producción y ensamblaje (la humanidad caída).

2.2 El origen del carácter santo

No hay ninguna virtud espiritual que pueda ser producida por nosotros, los seres humanos. Nada de lo espiritual o de lo bueno viene de nosotros (1 Corintios 4:7). Así que, analógicamente y teológicamente, todas las virtudes espirituales que puede tener son un don de Dios, incluso la fe (Efesios 2:8-10). La obra de la gracia, la regeneración, el nuevo nacimiento, son totalmente espirituales (Juan 1:12-13; 3:1-18, etc.). El llamado y todos los dones cristianos vienen de Dios (Efesios 4:8-12; 1 Timoteo 4:12-16). La santidad y la piedad son el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-24).

Todas las características integradas en el carácter de un cristiano son a causa de la obra de la gracia dispensada por la divinidad a los creyentes (y así a los ministros). Los ministros tienen un paquete especial de dones espirituales (Efesios 4:7-16, 1 Timoteo 4:11ss). En 1 Corintios 12 Pablo habla de un grupo de habilidades (dones, ministerios) que son dados por Dios a los santos. Gálatas 5:22-23 habla sobre el carácter, las virtudes del Espíritu Santo que vienen en el paquete de la salvación, potenciales en cada uno de los cristianos verdaderos. Y Efesios 4, así como 1 Timoteo 4:11ss nos traen un grupo de dones muy especiales que Cristo dio a algunos cristianos en particular, entre los cuales están los pastores-maestros (ministros del Evangelio).

Todo lo que tenemos viene de Dios, así el anhelo de trabajar en la obra y de cualquier cosa espiritual (el querer como el hacer), es fruto de su buena voluntad.

Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad (Filipenses 2:13).

Filipenses 2 nos está mandando a recordar que cualquier cosa espiritual en nosotros viene de Dios (v.1-3), y por eso nuestro objetivo es imitar a Jesús, para tener su mente, recordando su naturaleza y lo que dejó en su hogar en gloria para venir a salvarnos (v.4-11). Y luego, con ese conocimiento, vamos a ver la salvación como un tesoro precioso e invaluable que nos fue dado (un don de gracia) a través de Cristo, y sabiendo esto vamos a ocuparnos en la salvación con temor y temblor (v. 12), sabiendo que cualquier cosa que pensamos o llevamos a cabo es un don de Dios. Y debido a ese conocimiento, tenemos que hacer todo sin discutir o cuestionar, de modo que, finalmente, “seáis [seamos] irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en la cual resplandecéis como luces en el mundo, manteniendo firmemente la palabra de vida…” (vv.15-16a)

Repito: “¿qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?” (1 Corintios 4:7b).

¿Crees que el carácter, y sus virtudes (madurez), es un asunto de hombres? Si fuera una cuestión de nosotros, Dios no habría depositado su confianza en nosotros para ser sus embajadores y ministros en la tierra (véase 2 Tesalonicenses 2).

El carácter santo viene de Dios, las Escrituras no nos arrojan ninguna duda acerca de esto. Así es como Derek Debe rescribió sobre este asunto:

“Los seres humanos fueron hechos para llevar la imagen de Dios, para llevar su carácter a su creación (ver Génesis 1:27). Así que no es de extrañar que a través del Antiguo Testamento, mientras Dios formaba a un pueblo a su imagen, él los instruyó en la santidad de modo que su carácter podría aproximarse mejor al suyo propio (Levíticos 11:44 a; 19:2; Proverbios 24:1, 25). Ésta fue la base para corregir y aún excluir algunas de las personas en el Antiguo Testamento, mientras Dios formaba un pueblo a su imagen.

Y esa fue la base para dar forma a la iglesia del Nuevo Testamento, también (ver 2 Corintios 6:14; 7:1; 13:2; 1 Timoteo 3:1-5). En los pasajes ya citados, encontramos que, como cristianos somos visiblemente santos, no por nuestra propia reputación, sino por la reputación de Dios. Así, en Mateo 5, vemos que debemos ser la luz del mundo y que cuando la gente vea nuestras buenas obras glorifiquen a Dios (v.16). Pedro dice lo mismo: ‘manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras’. (1 Pedro 2:12). Esto es para lo que Dios nos ha llamado y nos ha salvado y nos ha separado. (ver Colosenses 1:21-22). ¿A qué otra cosa deberíamos parecernos si somos portadores de su gloria?

Desde el principio Jesús envió a sus discípulos a enseñar a la gente a obedecer todo lo que les había enseñado. (ver Mateo 28:19-20). Dios quiere un pueblo santo que refleje su carácter.

Y luego, cuando usted lee la imagen de la iglesia al final del libro de Apocalipsis, se ve que es su novia gloriosa que refleja el carácter de Cristo mismo. En el capítulo 21, y luego en el capítulo 22, leemos las palabras de Cristo: ‘Mas los perros estarán fuera, y los hechiceros, los fornicarios, los homicidas, los idólatras, y todo aquel que ama y hace mentira’. (22:15)”.14

3. COMO CULTIVAR EL CARÁCTER PIADOSO

El carácter es un regalo de Dios. Por eso tu responsabilidad como siervo del Señor no es moldear tu carácter, ni formarlo, ni esculpirlo, en el sentido apropiado de esta terminología, sino afilarlo. Afilar tu carácter no es un asunto de usar tus recursos e instrumentos, sino los de Dios. Creo que la forma correcta de hablar acerca de qué hacer con nuestro carácter es “cuidarlo”, o quizás, “cultivarlo”.

Esto manda y enseña. Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza. Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza. No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio. Ocúpate en estas cosas; permanece en ellas, para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la doctrina; persiste en ello, pues haciendo esto, te salvarás a ti mismo y a los que te oyeren (1 Timoteo 4.11-16).

1 Timoteo 4:12 es claro al manifestar que no es necesario ser un hombre viejo para ser un ejemplo de un carácter piadoso. La madurez no es una cuestión de edad, aunque se necesita tiempo. En el caso de Timoteo fue instruido bien en la Palabra desde su infancia, por ambas, su mamá y su abuela (2 Timoteo 3:14-17). Y al parecer se convirtió en cristiano cuando era muy joven (2 Timoteo 3: 14-17, Hechos 16:1). Cuando Pablo pasó por Listra y Derbe, en su segundo viaje misionero, tomó a Timoteo con él debido a que los cristianos daban buen testimonio de él en esa región donde vivía (Levíticos 16:1-3). El único requerimiento de Pablo a Timoteo fue su circuncisión, para ser acepto entre los judíos.

Quiero decir, el carácter de Timoteo era piadoso desde muy joven hasta el punto que Pablo le reclutó para el ministerio sin tener que esperar mucho tiempo, sólo por el testimonio de los hermanos que vivían en Derbe y Listra. Me parece que Timoteo se convirtió al cristianismo siendo muy joven; estuvo listo para involucrarse en el ministerio aún siendo un hombre bastante joven.

Timoteo fue ordenado al ministerio, aparentemente, en su propia ciudad. Pablo estuvo allá y fue su mentor (2 Timoteo 1:16). Los presbíteros (ancianos) pusieron sus manos sobre él y lo apartaron para el ministerio. En el caso de Timoteo, Pablo escribió (1Timoteo 4:14) que su don (gr. charisma) vino “a través de” (gr. dia) un mensaje profético, “con” (gr. meta) la imposición de las manos de los ancianos. Aquí Pablo afirmó que el don vino “a través de” (gr. dia) la imposición de sus propias manos. El lenguaje es altamente impreciso y puede reflejar del pensar del apóstol nada más que una asociación general entre la ordenación de Timoteo (que involucraba un mensaje profético y la imposición de las manos de Pablo y de los ancianos) y la consciencia del joven acerca de sus propias habilidades. De seguro el lenguaje no carga el peso de ninguna conclusión detallada acerca de cómo los dones espirituales son otorgados, mucho menos teorías concretas de sucesiones apostólicas o de ordenaciones como un medio de gracia.15

3.1 Transformación del carácter al carácter de Jesús

Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor (1 Corintios 3:18).

Incluso nosotros que nos convertimos a Cristo y fuimos llamados, estamos muy por debajo de la imagen exacta de Cristo. Nuestra meta es ser como él. La meta de Dios es hacernos como a Jesús. Pero obtener la forma de Jesús, su carácter, es un asunto de nuestra vida.

Tenemos el fruto del Espíritu, somos la luz de este mundo, pero no brillamos como Jesús, no tenemos la misma intensidad de su luz. Es el mismo tipo de luz, pero no la misma intensidad. Así crecemos en grados hasta la regeneración final de nuestra vida, cuando vamos a tener la misma calidad de vida. Por ahora, con nuestras dos naturalezas combinadas en una sola persona, es una tarea difícil brillar tanto como deberíamos. Nuestra naturaleza pecaminosa lucha con la espiritual. La naturaleza pecaminosa, nuestro cuerpo no regenerado, cubre la gloria de Dios. Pero, en esencia, llevamos la imagen de Jesús, o su carácter.

Jesús apuesta por nosotros y no tiene plan B para su empresa y maquinaria de salvación. Él no tiene otro ejército para ir a pelear la buena batalla. Él conocía los resultados desde el principio y sabía la clase de ministros que él iba a nombrar e impartir dones. Tenemos la imagen de Cristo siendo formada en nosotros. Todavía tenemos la naturaleza pecaminosa, pero también tenemos la regenerada por el Espíritu. 

J. I. Packer, al estudiar la mente de Jonathan Edward, escribió al respecto:

Este es el principio de la consistencia interna de la enseñanza bíblica, por ser desde el principio hasta el final producto de una sola mente la divina. De tal manera que él revel?la Biblia dentro de su propio marco teológico, detectando y mostrando debidamente su más grande y penetrante tema, la soberanía de Dios en la creacion, providencia y gracia, el amor de Dios a los pecadores supremamente expresado en el ministerio mediador del Señor Jesucristo, y el poder de Dios renovando corazones, generando fe y arrepentimiento y transformar el carácter y la conducta de los creyentes.16

3.2 Cuidando el carácter

Creo que no habrá oposición entre los estudiosos al concebir que el carácter es un regalo de Dios. Cuando nacemos venimos con nuestro carácter particular. Se trata de la creación. Viene de fabricación, es un regalo del Creador.

Pero cuando nos convertimos a Cristo (en realidad, cuando él nos atrae y nos rinde a su persona y su amor), nuestro carácter se transforma por medio del Espíritu Santo que comienza a habitar en nosotros (Efesios 1:13-14; Romanos 5:5; 2 Timoteo 2:4; Hechos 10:44; 19:6; Etc.). La conversión nos lleva a una nueva vida, una de carácter espiritual. Nosotros fuimos resucitados de entre los muertos espirituales (Efesios 2:1) por el poder de Dios que actúa en nosotros (Efesios 1:19-20). En el bautismo simplemente modelamos la operación de Dios de la resurrección en nuestro favor, de acuerdo a Romanos 6:3-4. Cuando vivíamos en la carne (pensando en este mundo) estábamos muertos, y nosotros llevábamos frutos muertos (Efesios 2:1-4; Gálatas 5:19-21). Pero una vez que somos salvos, transformados por el poder de Dios, entonces servimos al Espíritu, no a la ley de la muerte. (Romanos 7:5-6). Como no creyentes vivíamos en los deseos de la carne, incluso algunos de nosotros nos complacíamos en el pecado sexual, o adorábamos ídolos, o cometimos adulterio, o éramos prostitutos o practicábamos la homosexualidad, o éramos ladrones o gente codiciosa, o éramos borrachos, o éramos abusivos o engañábamos a la gente, etc., (1 Corintios 6:9-10a). La mayoría de nosotros éramos así. Estábamos corriendo al infierno. Pero ahora, después de la conversión, ya no somos así, somos nuevas criaturas que viven para Dios. Fuimos hechos justos delante de Dios por la invocación del nombre del Señor Jesucristo y por el Espíritu de nuestro Dios (1 Corintios 6:11). Después de la conversión llegamos a ser nuevas criaturas, y estamos obligados de parte de Dios a vivir en buenas obras (Efesios 2:10). Esto quiere decir que nuestro carácter se transforma por la gracia de Dios. El nuevo nacimiento trae un carácter regenerado. Así que esa nueva criatura tiene que CRECER y MADURAR. Pablo llamó a este proceso “la formación de Cristo en el creyente nuevo”.

Hijitos míos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros. (Gálatas 4:19, énfasis del autor)

Sin embargo, el nuevo carácter (el carácter cristiano) es un fruto nuevo que no viene en un estado maduro. Llega a nosotros como cuando una naranja sale de la flor, muy pequeña e inmadura, no lista para comer. Cuando mi pequeño Christopher, mi hijo mayor, nació yo lo contemplé literalmente durante horas. Lo miré por todas partes. Él era exactamente como yo, pero era pequeño y tierno. Él tenía un cuerpo perfecto, pero muy pequeño, de unos 40 centímetros de largo. Sólo pesaba alrededor de siete libras. Revisé sus dedos, su nariz, sus ojos, su boca, todo. Él era perfecto, pero muy pequeño, muy pequeño. Por supuesto, no tenía dientes a esa edad. Es la forma en que los dones del Espíritu, por lo general, vienen a los hombres. Juan el Bautista fue una excepción a la regla. Adán fue una excepción a la regla relativa a cómo un hombre llega a la vida. Incluso la fe viene por medio de la conversión de forma básica. Es por eso que podemos ser verdaderos cristianos, pero inmaduros y enfrentando los rudimentos de la fe (Hebreos 5:11; 6:8).

El fruto del Espíritu, como Pablo explica en Gálatas 5:22-23, no viene a nosotros en la etapa de madurez. Nosotros lo tenemos, pero recibimos una capacidad del Espíritu para crecer. Analizando la Escritura como un gran cuadro, he visto que Dios utiliza cinco formas principales para ayudar a crecer su fruto en nosotros:

 1. Relación vertical (relación con Dios a través de los medios de gracia: la oración, la lectura y meditación de su Palabra, adoración, etc.)

2. Relaciones horizontales (amistad, la paternidad, la infancia, el matrimonio, los maestros y mentores, las relaciones laborales, la esclavitud, administrando a otros, etc.)

3. Tiempo y espera.

4. Pruebas (tribulaciones, sufrimientos, etc.)

5. Circunstancias (positivas y negativas).

Cuando evaluamos la vida de Pablo se nos olvida que después de su conversión, él esperó unos tres años en Arabia y otros cinco o más en Tarso. Al el momento en que finalmente comenzó su ministerio como misionero (Hechos 13:1-2), Swindoll señaló que tenía unos 45 años.17 Eso no es inusual en la Biblia, especialmente con aquellos que Dios usó más.

Fue lo mismo con Moisés, quien esperó 40 años después que él supo que Dios lo estaba llamando a liberar a su pueblo del poder de Egipto para estar listo para ser el siervo que Dios quería. Y no termina ahí, sino que estuvo manejando el pueblo de Dios por otros 40 años más.

David esperó 13 años después de ser nombrado para ser el rey de Israel.

Cuando lea la lista de los héroes de la fe en Hebreos 11 se dará cuenta de que ninguno de ellos recibió la promesa dada a los mismos. Todos murieron a la espera de recibir la promesa. Por supuesto, ellos no estaban esperando una ciudad en la tierra.

La verdad de todo esto es que Dios usa las herramientas del tiempo y la espera, el sufrimiento y muchas otras circunstancias para afinar el carácter y llevarlo hasta el punto que Él quiere antes de usarnos en el ministerio. Así es como Swindoll escribió al respecto en su libro “Pablo, un hombre de Gracia y Coraje”:

Dios prepara sus siervos frecuentemente a través de largos períodos diseñados para afinar habilidades, para formar el carácter y añadir profundidad al mismo.18

Esperar está en contra de la naturaleza humana.19 Pablo no sólo aprendió eso, sino que también aprendió “a estar contento” en todo tipo de situaciones: en las necesidades y en abundancia, en las persecuciones, así como en tiempo de paz, en la cárcel y en libertad. Aprendió a ser feliz. Él aprendió a esperar y ser paciente. ¿Se imagina la alegría en el sufrimiento, la felicidad en la cárcel, la alegría cuando tiene hambre, y cantando una canción de la felicidad al ser perseguido?

¿Por qué los juicios, tribulaciones, el hambre, la humillación, el sufrimiento, etc.? A causa de nuestro orgullo. La arrogancia es la naturaleza humana después de la entrada del pecado (Proverbios 8:13; 16:18; 21:4; Salmo 119:21; 2 Timoteo 3:2-5). Y Dios no usa más que un humilde servidor (Job 5:11; Salmo 10:17; 25:9; 147:6, Proverbios 11:2; 22:4; Mateo 11:29). Él nos limpia por la sangre, pero Él nos humilla mediante pruebas y tribulaciones (Hechos 14:22, 2 Timoteo 3:12). Tenemos que recordar que: “Porque Jehová es excelso, y atiende al humilde, mas al altivo mira de lejos”. (Salmo 138:6)

Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba;20 y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado (Romanos 5:3-5).

Aparte de todo esto, reconozco que hay un par de excepciones en la palabra de Dios que hacen hincapié en la realidad de la implantación de un nuevo carácter (naturaleza) en un cristiano cuando nace de nuevo. Puedo pensar en: “Abraham, un Hombre de Carácter” (como lo llama el Dr. Gene Getz en su biografía de Abraham). Abraham era un poco maduro desde el comienzo mismo de su llamado. Incluso reconocemos que tuvo muchas caídas en su viaje a Canaán, pero creo que eso fue Dios para mostrar que Abraham era un ser humano, un pecador. Sin embargo, él era un hombre de carácter, como todos nosotros también lo somos. Sí, se quedó en Haram por mucho tiempo, pero Dios no lo reprochó por eso. Eso es cierto, se fue a Egipto cuando una hambruna severa golpeó a Canaán, y mintió por temor, pero ese no era su estilo de vida, eso fue una caída.

Una vez más, él tuvo relaciones con Agar, sierva egipcia de Sara, dejando de lado su fe, actuando de acuerdo a su cultura, y sufrió las megas consecuencias, incluso sus descendientes hasta hoy la sufren.

Cuando uno analiza a Daniel, y a algunos otros, se ve un hombre de carácter desde su juventud temprana. Daniel y sus amigos eran de la estirpe real, pero eran hombres de carácter desde su pubertad. Los eruditos atribuyen una vida joven a Daniel y sus amigos (en alguna parte entre 12 y 16 años). Por lo tanto, no tomó mucho tiempo crear un carácter piadoso en ellos. Lo mismo se puede decir de Jeremías y Ezequiel. ¿Qué decir de Isaías y el resto de los grandes profetas de Dios? Todos ellos eran hombres de carácter desde su juventud. ¿Quién sabe de Job, él parecía ser un hombre de carácter cuando las pruebas llegaron a su vida? Sus respuestas a las tentaciones y las mega-pruebas nos muestran eso. Si no somos hombres de carácter cuando las pruebas y la tribulación vienen, simplemente caemos.

¿Te acuerdas de Juan el Bautista? ¿Qué decir de su nuevo nacimiento (él estaba lleno del Espíritu Santo desde el vientre de su madre)? ¿Qué piensa usted sobre su carácter?

Yo creo que “…Las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza.” (Romanos 15:4)

¿Qué opinas sobre “el carácter de un ministro cristiano” por ahora? Hombres, eso es un don de Dios, y hasta viene en un estado inmaduro al momento de la regeneración, es por eso que un cristiano debe crecer. Profetas, apóstoles (ministerios del pasado debido a su función en el proceso de la construcción de la Iglesia de Cristo, llamados, para ESTABLECER LA FUNDACIÓN DEL EDIFICIO - Efesios 2:20), evangelistas, pastores y maestros son dados a la iglesia para llevar al resto de los santos a la madurez. Las grietas en el carácter de un ministro no son admitidas por Dios, quien les dio poder a los que tienen un carácter maduro, dándoles dones en el llamado (ver Efesios 4:7-16).

No es la solicitud del candidato lo que lo hace un hombre aprobado, un ministro del evangelio; ni tampoco lo es su excelencia o talento en el discurso; mucho menos su capacitación cultural y académica; etc. ¡No, no, no! Iglesia de Dios, es la prueba de su carácter, la evaluación de su comportamiento en el hogar, entre sus amigos y vecinos, así como en su trabajo, escuela, universidad, seminario y la iglesia, lo que hace de él un hombre aprobado.

Los puritanos cometieron errores muy pequeños en este trabajo, la evaluación de la vocación, porque tomaban tiempo con el candidato a solas, iban a la casa del candidato varias veces para ver su comportamiento. Ellos solían hacer una investigación sobre el comportamiento de los candidatos al ministerio.

Hoy en día las iglesias (los ministros) son tan liberales y conformados a la cultura prevaleciente en nuestro tiempo, que nosotros (los ministros) no queremos hacer nuestro trabajo. La desgracia que la Iglesia de Dios promedio está pasando es razonablemente debido a esto.

Charles Spurgeon no tenía educación universitaria, ni título de seminario cuando fue llamado para el Tabernáculo Metropolitano en Londres, no era más que un adolescente de carácter. John Bunyan nunca terminó la escuela secundaria, él era un hombre de carácter. ¿Le gustaría tener uno como él como uno de los pastores de su iglesia? Puedo traer una larga lista de muchos grandes hombres de Dios que fueron así. Criswell estaba recién graduado de su licenciatura cuando la Primera Iglesia Bautista de Dallas lo llamó como su pastor principal. Ellos vieron a un joven de carácter, nada más. Él dio testimonio de lo terrible que su discurso era en el principio. Muchas de las personas que completaron una buena formación teológica lo hicieron estando involucrados en el ministerio pastoral. Es decir, la educación formal no hace a un hombre de carácter, el Espíritu Santo lo hace.

Los ministros del Señor (pastores, ancianos, diáconos de las iglesias) no entienden esta parte crítica de la vida de una iglesia, es decir, lo que se debe buscar en un hombre para ordenarlo como ministro del Evangelio. La señal del llamado es “su carácter sagrado”, no sus habilidades retóricas o su excelente capacidad de liderazgo.

Los patriarcas, el ministerio profético, el oficio de los líderes (de los reyes, gobernadores, jueces y gobernantes) de Israel, escuchen esto con cuidado, no son el ministerio pastoral. ¿Cuál es mi punto en esto? Quiero decir que no va a encontrar un versículo de la Biblia que diga: LOS PATRIARCAS DEBEN SER INTACHABLES, ni otro que diga: LOS PROFETAS DEBEN SER IRREPRENSIBLES, o: UN REY (JUEZ, GOBERNANTE) DE ISRAEL DEBE SER IRREPROCHABLE. Pero éste es pre-requisito obligatorio al ministerio pastoral. (1 Timoteo 3:1-2)

3.3 Tu responsabilidad en el proceso de afinar el carácter

A mi entender, según mi investigación, el carácter no es algo que viene de los hombres, sino un regalo de Dios. Pero al igual que un ser humano cuando nace, tiene que comer para crecer. Dar de comer a un bebé es una responsabilidad de sus padres, no la suya. Creo que vamos demasiado lejos si decimos que tenemos que dar forma al carácter. Pero también podemos cometer el mismo error si pensamos que no hemos de hacer nada respecto a nuestro carácter. Dios dio dones, talentos, e incluso el carácter, y nos llama a cuidar de ellos. Como un don de Dios, dado a un hombre elegido por Él, un ministro es llamado por Él con llamamiento irresistible: “Pero cuando agradó a Dios, que me apartó desde el vientre de mi madre, y me llamó por su gracia” (Gálatas 1:15). Incluso si tratamos de huir como Jonás, evidentemente, es un mandato, una disposición de Dios: “Pues si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio!” (1 Corintios 9:16). Pero en el pasaje, Dios también nos dio cierta responsabilidad de cuidar de todo, incluso nuestra salvación: “ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor” (Filipenses 2:12). ¿Por qué? ¿Porque podemos perder la salvación que nos fue dada por su gracia? Un centenar de veces, ¡no! “Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios” (Romanos 11:29). Debemos trabajar en nuestra salvación, así como en nuestro carácter y dones, y no descuidarlos, porque también es parte de nuestro comportamiento como buenos ministros de Cristo. Hay que recordar aquí que Dios no sólo destinó los fines, sino también los medios.

Está claro en el contexto de la Escritura que el llamado al ministerio trae una gran responsabilidad con él para cuidar de nosotros mismos (nuestro propio cuerpo, la salud física, nuestras propias familias, y de seguro también nuestro don, nuestra salvación, la doctrina, la enseñanza, la predicación, y nuestro carácter). Pablo animó a Timoteo a no descuidar su don:

No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio (1 Timoteo 4:14).

Timoteo recibió un don que fue confirmado por el presbiterio. De seguro se sintió llamado al ministerio. El llamado necesitaba ser confirmado por un presbiterio. Por alguna razón la salvación debe ser confirmada por otros, el bautismo es la manera que Dios preparó para ello. Cuando se salvan los hermanos en Cristo (el rebaño), la iglesia de Dios lo confirma, bautizándolos. Lo mismo sucede en el ministerio. Usted se siente llamado por Dios, el pueblo de Dios ve la realidad del llamado en usted, y, por último, un grupo de ancianos (presbíteros) prueba su carácter, conocimiento y dones, y le encomiendan, al imponer sus manos sobre usted.

Nuestra responsabilidad, después de haber sido llamados y dotados por Dios (Efesios 4:7-14) es cuidar de nosotros mismos y de la enseñanza (las doctrinas que enseñamos). Así, ministro de Cristo: “Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad”. (2 Timoteo 2:15). ¿Por qué distinguido colega? Porque no estamos para predicar, ni enseñar nuestra manera de pensar, sino la Palabra de Dios, sus doctrinas. Debemos “contender ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos”. (Judas 3b)

Sí, el carácter es lo que somos, pero un ministro modela a Cristo, no por él, sino por Cristo.

Dios ha establecido no sólo el fin sino también los medios. El propósito de Dios para sus ministros es que sean santos, viviendo en integridad, para que reflejan la imagen de Jesús grabada en ellos. El principio, por supuesto, es el plan del Señor con su llamado. El modo es el uso de los medios de gracia que el Señor ha preparado para ellos.

Cuando le pregunté al Pastor José Mallén qué creía acerca del carácter, él me dijo: “Ser manso y humilde como Jesús nos enseñó”. Eso fue todo. Cuando le pregunté al Pastor Otto Sánchez lo mismo, su respuesta fue más extensa y él enfatizaba lo siguiente: “Todos los requisitos en 1 Timoteo 3:1-7 y Tito 1:5-9 tienen más que ver con el carácter que con el conocimiento.”

 Cuando le pregunté a Mark Power, ministro de música de la Convención Bautista del Sur del Estado de Carolina del Sur, él me dijo: “No intento bromear contigo, mas digo seriamente que ya Dios nos dio esta lista en Gálatas 5:22-23, ese debería ser nuestro objetivo.”

Por lo tanto, la simple respuesta del pastor José Mallén, llena de poder, y también el énfasis del pastor Otto Sánchez, y la afirmación del pastor Power, así como muchas otras buenas respuestas que usted tiene en el capítulo 3 de esta obra, todas nos muestran una cosa, el fruto del Espíritu, y las características mostradas por el apóstol Pablo a Timoteo y Tito, así como escribió Pedro en 1 Pedro 5, y el carácter de Cristo presentado en los Evangelios, así como la imagen de Pablo y su equipo modelado para nosotros en 2 Tesalonicenses 2, son una regla general para todos los pastores de la historia, son la manifestación del Espíritu Santo que habita en nosotros como ministros de Dios.

Por supuesto, tenemos que cultivar los medios de la gracia para estar completos, santos, y ser hombres de carácter, hombres de Dios. Pero no veo que se trata de una cuestión de que seamos santos, enteros y hombres de carácter, sino que es una cuestión de Dios. Creo que esto está incluido en el versículo bien conocido de la Biblia que dice:

Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo (Filipenses 1:6).

 Al responder a la pregunta acerca de cómo dar forma al carácter, tenemos que tener cuidado con la respuesta que damos. Está claro que es un asunto de Dios antes que de los hombres. Esa es una de las razones por las que incluso si es un principiante o un veterano, usted encontrará las mismas características, aunque no necesariamente en el mismo nivel.

Pero tenemos que tener cuidado de no descartar la forma en que las Escrituras presentan la responsabilidad humana. Me gusta como Jonathan Edward se dirigió al aparente dilema de la soberanía de Dios y la responsabilidad humana. Así es como John Piper pone en perspectiva lo que Edward dijo:

No somos meramente pasivos, ni Dios hace una parte y nosotros otra. Sino que Dios hace todo y lo hacemos todos. Porque eso es lo que él produce en nosotros y nosotros somos los actores. Dios es la fuente única pertinente y nosotros somos los únicos actores pertinentes. Estamos, en relaciones diferentes, totalmente pasivos y activos totalmente.21

Él escribió esto en el contexto de la necesidad de llamar a las personas y aplicar la Escritura a los oyentes. El Espíritu Santo trae la conversión y llama a los pecadores, pero no es incompatible con la responsabilidad de la predicación y del llamado a actuar según el mensaje hablado.

De todos los escritores que cito en este libro, creo que Jerry Bridges y Brian Cambell, sin dejar de lado a Daniel Wilson ni a Derek Prime, son los más cercanos a mis conclusiones en sus propuestas sobre el tema. Bridges se centra en la manera de dar forma al carácter como un continuo ejercicio de la práctica de los frutos del Espíritu. Eso va muy de la mano de la breve conclusión que el pastor Mallén me dio “manso y humilde”, y eso es en lo que Jesús se centró a la hora de enseñar a sus discípulos sobre el carácter que debían modelar. (Mateo 5:1-13)

Jesús se centró en siervos, en lugar de líderes, para describir el carácter de sus ministros. En las últimas décadas el cristianismo está siendo embriagado con la preferencia de la terminología “líderes” en lugar de “ministros” o “siervos”. Creo que eso es parte del problema del deterioro actual del ministerio sagrado. En lo que nos centremos, determinará nuestras acciones. Si pensamos en un líder, en lugar de un hombre humilde, un siervo, un esclavo, naturalmente, nos centraremos en las habilidades, tener grandes iglesias, cosas grandes que involucren tantas personas como sea posible, en lugar de en el carácter. ¿Por qué? Ser un líder significa tener seguidores. Un ministro, un esclavo, un siervo no tiene su mente en eso, él se centra en el Maestro, el Señor, el Rey a quien sirve. La presión de las tendencias (como tener una iglesia grande, un gran grupo de música, etc.) no causará ninguna frustración en él, porque él entiende muy bien que el reino le pertenece al Señor y Él da lo que quiera a cada uno. (Efesios 4: 7)

Un líder que maneja un ministerio que involucra a un grupo grande de personas, digamos que un pastor de una mega iglesia, nunca invitará a un hombre de Dios de una pequeña iglesia, con raras excepciones. ¿Por qué? Ese líder comienza a pensar que el ministerio grande es sinónimo de éxito. Lleva implícita la idea de que el ministro de un pequeño ministerio no está siendo bendecido. Los judíos han tenido la misma mentalidad y error en casi toda su historia. Pensaron que la pobreza era una maldición. Pensaron que un profeta no era un siervo veraz porque nadie los seguía. Jeremías, Elías, Ezequiel, etc., no eran “verdaderos” profetas porque ninguno de los reyes siguió sus enseñanzas y consejos.

Las bibliotecas nos muestran lo que quiero decir. Si usted va a cualquier biblioteca usted no encontrará temas sobre el ministerio, pero por lo general sobre el liderazgo. Usted no verá muchos (si los hay) sobre el carácter, sino sobre el arte y el hacer.

CONSIDERACIONES FINALES

Estimado ministro del Señor: ¡Cuidado con el pensamiento de este mundo! Los judíos rechazaron a Jesús porque Él no se veía como un líder veraz debido a muchos aspectos de su vida, a pesar de que fue claramente un siervo del Señor, no era veraz porque nació en un pesebre, y también procedía de un muy insignificante pueblo, de Belén. Venía de una familia muy pobre que era sospechosa de haber cometido adulterio, se crio en un pueblo de personas no acreditadas y de mala fama religiosa (Galilea). ¿Cómo podía ser veraz para una sociedad orgullosa de rabinos, fariseos y saduceos que eran amigos de los reyes y frecuentaban el palacio? Ministros del Señor, ¡tenemos que evitar esa actitud!

REFERENCIAS

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MICROSOFT Corp. Encarta: Una enciclopedia digital. © 1993-1996.

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1 Juan C. de la Cruz (IQ / UASD, MS / UASD, ThM / SBS, MA / SEBTS, PhD pelo SBS). Pastor principal en la Iglesia Bautista Nueva Jerusalén, Bonao, Republica Dominicana (www.ibnjrd.org). Director del Southern Baptist School for Biblical Studies, en Republica Dominicana (www.sbs-edu.org). E-mail: jcanabel@gmail.com

2 HERÓDOTO: “Historicus”, S. v a.c., Ed. C. Hude, Oxford (OCT). Ps.-Hdt. Vit. Hom. = Vita Homeri, Ed. T. W. Allen, Homeri Overa V, Oxford (OCT), p. 192.

3 TRAGICUS, S. v. a. c.

4 LIDDELL, H. G. A Lexicon: “Abridged from Liddell and Scott’s Greek-English Lexicon (Un Léxico: Cotejado del Léxico Griego de Liddell y Scott)”. Oak Harbor, WA: Logos Research Systems, 1996, S. 882.

5 SWANSON, James. Dictionary of Biblical Languages With Semantic Domains: Greek (New Testament). Electronic ed. Oak Harbor: Logos Research Systems, 1997, S. DBLG 5917.

6 Versión en inglés de “Los Libros Canónicos” y Every Occurrence of Each Word in Regular Order (Cada Ocurrencia de Cada Palabra en el Orden Regular). Ed. Electrónica Ontario: Woodside Bible Fellowship, 1996, S. G5481.

7 TRÁGICO. “Tragoediae”, S. v a.c., Ed. A.C. Pearson, Oxford (OCT).

8 LIDDELL, 1996, p. 881.

9 STRONG, James. The Exhaustive Concordance of the Bible: Showing Every Word of the Text of the Common English Version of the Canonical Books, and Every Occurrence of Each Word in Regular Order. Electronic Ed. Ontario: Woodside Bible Fellowship. 1996, S. G5480.

10 MICROSOFT Corp. Encarta: Una enciclopedia digital. © 1993-1996.

11 Esta definición está reclamando una referencia, o un modelo, o un patrón con el cual ser comparado.

12 Este es el significado en el cual nos enfocamos en este escrito.

13 WALVOORD, John F.; ZUCK, Roy B. The Bible Knowledge Commentary: An Exposition of the Scriptures, Dallas Theological Seminary. S. 2:478.

14 PIPER, John. A God Entranced Vision of All Things. Wheaton, Illinois: Good News, 2004, p. 142-143.

15 WALVOORD; ZUCK, S. 2:750.

16 PIPER, 2004, p. 90.

17 SWINDOLL, Charles. Pablo, Un Hombre de Gracia y Convicción. España: Paperback, 2004, p. 106.

18 SWINDOLL, 2004, p. 104.

19 SWINDOLL, 2004, p. 106.

20 Gr. δοκιμή [dokime /dok·ee·may/] n. f. Del mismo que el 1384; TDNT 2:255; TDNTA 181; GK 1509; Siete apariciones; AV lo traduce como “prueba” cuatro veces, “experiencias” dos veces, “experimento” una vez. 1. Prueba, ensayo. 2. Aprobado, carácter probado. 3. Una prueba, un espécimen digno de probar. Según el Enhanced Strong’s Lexicon, es sólo una percepción de la traducción de carácter, pero no es la misma definición que se le da a la palabra carácter que discutimos en el primer capítulo de esta tesis.

21 PIPER, 2004, p. 107-108.

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